La prisa es mala consejera, enseña la sabiduría popular, pero como entre nosotros aparece, casi siempre vía emergencia, la varita mágica para hallar una solución, todo queda para última hora. Los ejemplos son cotidianos y no hay que buscarlos como excepción, sino como lo habitual.
La elaboración del censo electoral, misión del RNP (Registro Nacional de las Personas) para las elecciones internas ha de estar confeccionado antes del 12 de agosto. Algunos ni siquiera echan mano de la expresión clásica, “largo me lo fiais”, y muchos se hallan, como quien dice, en la luna.
Resulta irónico que el tema de la documentación personal salga a la palestra en la temporada electoral, como si la vida de los hondureños y sus acciones legales y ciudadanas estuviesen centradas y condicionadas a las votaciones.
Sin embargo, la tarjeta de identidad, necesitada cada cuatro años para elegir autoridades, es exigida en actividades diarias, de las cuales están al margen decenas de miles de hondureños, sobre todo jóvenes, pues carecen de documentación personal.
Los cálculos del RNP establecen que la demanda de cédulas para algo más de mes y medio asciende a 1.5 millones, pero ni la mitad de este número de personas se acercará a las oficinas o será incentivado por el PIN (Programa de Identificación Nacional) para obtener la documentación.
El RNP, calificado como organismo técnico, ha ido saliendo a trancas y barrancas, pero no ha logrado en su corta historia desde que fue desligado del entonces Tribunal Nacional de Elecciones, una total autonomía, solvencia y agilidad para honrar el derecho de los hondureños a poseer su cédula de identidad.
La fuerte presión de las corrientes y partidos políticos para introducir activistas y allegados es el mayor obstáculo aún para la captación de los datos, elaboración de la tarjeta y entrega del documento. Es de reconocer, sin embargo, que han disminuido las interrupciones laborales que hasta no hace mucho eran noticia habitual.
Si a este mal endémico sumamos la disponibilidad de recursos a cuentagotas, tendremos un cuadro completo y fiel de lo que piensan los gobiernos de la documentación de los hondureños, les vale un pito, y de la preocupación de los ejecutivos y empleados del Registro por llegar a los sectores más remotos.
La conclusión por las preocupaciones mostradas últimamente es más que evidente: solo en la temporada electoral hay inquietud con la vista puesta en el censo y en las urnas, con lo que la labor en el registro se degenera por intervención directa de activistas y dirigentes políticos.
Del lobo un pelo, aprovechando la temporada algo se logra, pero el RNP reconoce que la mitad de los jóvenes que pudiera votar no dispondrá de la tarjeta de identidad. Es hora de señalar fallos y solucionarlos.