El beneficio de la duda
COMPARTIR Editoriales 17 agosto 2012 05:43pm

La clara y directa alusión al escepticismo por las medidas del Gobierno para disminuir el gasto, la completamos hoy con una ínfima dosis de optimismo proporcionando a los progenitores el beneficio de la duda. Y lo decimos así porque en unos días habrá de conocerse el proyecto de presupuesto para el próximo año y ahí se verá si en verdad hay conciencia de la crisis o se trata de tapar el ojo al macho.

Las cuentas del próximo ejercicio fiscal han de reflejar con exactitud los recursos provenientes de fuentes internas y de la cooperación internacional, excluyendo aquellos que aumentan la ya casi insostenible deuda interna y los descomunales compromisos financieros internacionales. ¿Por qué no trabajar con lo disponible en vista de que los créditos aprietan inexorablemente la soga al cuello?

Hay lo que hay, debiera ser el principio de acción para el próximo año con el altísimo costo de la responsabilidad política de las elecciones cuya derivación hacia el erario nacional será seguimiento de los próximos comicios en noviembre. El gasto sin control ha ido abriendo un boquete que amenaza con derrumbar el edificio.

Si en países más grandes, con economías hasta hace poco ordenadas y en bonanzas se hallan sometidos a condiciones de organismos internacionales, qué no tendrá que hacer Honduras para lograr, por lo menos, el acercamiento al FMI (Fondo Monetario Internacional), cuya delegación ha ido dando largas a las negociaciones para lograr un acuerdo, aunque sea efímero y a prueba, y poder mostrar otra cara a la comunidad financiera.

O se reduce el déficit fiscal o “neles pasteles” es el mensaje que llega del exterior y el que ya días debiéramos haber entendido en su justa y urgente dimensión en lugar de haber proporcionado entretención con situaciones que parecen seleccionadas y pesadas para hacerlas públicas en el momento oportuno y en mínima dosis para alimentar la curiosidad y credibilidad.
Pero, mientras tanto, la economía se iba resquebrajando con síntomas visibles que no se quisieron o se pudieron ver. La caída en la atracción de capital de inversión así como la salida de empresas hacia países vecinos contribuyeron al aumento en el desempleo, disfrazado en el subempleo de la economía informal, sostén de miles de familias. La corrupción, con diagnóstico de metástasis, ahuyenta la inversión y consume los escuálidos recursos públicos al aprobar leoninos contratos, entregar por centavos bienes del Estado, realizar compras en colusión, hacer costosas obras con malos materiales, inflar las planillas con paracaidistas, etc. etc.

La fijación interesada por aumentar los ingresos, a como dé lugar, les hizo dar la espalda a los gastos para los que se utilizaron recursos inexistentes con orden de pago para las próximas generaciones que no es ni ético ni humanismo cristiano. Les concedemos el beneficio de la duda hasta conocer el presupuesto 2013.

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