Demián y óscar
COMPARTIR Jorge Ramos 21 febrero 2012 05:47pm

Demián Bichir sabe que los grandes actores no se pueden tomar muy en serio la fama. De hecho, suelen ser los más sencillos y despreocupados. Demián, en dos recientes entrevistas se la pasó bromeando. Pero no fue broma cuando me dijo que sí creía que podía ganar el óscar en la categoría de mejor actor. Eso es un cambio de actitud.

“Lo que pasa es que sí vamos a ganar y es ahí donde tenemos que cambiar el chip”, me explicó. “Y hay que decirlo por toda Latinoamérica: nos toca ganar.” Para eso habrá que ganarle, también, a los otros cuatro nominados al óscar: George Clooney (The Descendants), Brad Pitt (Moneyball), Jean Dujardin (The Artist) y Gary Oldman (Tinker Tailor Soldier Spy).

Demián está nominado por la película A Better Life, en la que interpreta a Carlos Galindo, un jardinero indocumentado en Los Angeles a quien le roban su camioneta y eventualmente deportan a México, dejando solamente a su hijo. El actor aumentó 25 libras para el papel y aprendió a “ser invisible”, como la mayoría de los inmigrantes sin documentos. Demián, con la agilidad de un jardinero trepando palmeras, brinca del cine a la política. Más que un juego, está en su naturaleza y en esa saludable tradición latinoamericana que invita a los artistas a opinar de los políticos.

¿Pueden dos horas de cine cambiar el clima antiinmigrante que vive Estados Unidos? ¿Puede el arte cambiar la realidad? “Uno desea que lo que hagas sea bueno para otra gente”, respondió. “Queremos llevar la película a la Casa Blanca y que la vean las personas que toman decisiones”. Demián sabe que se desaprovechó en 2009 la oportunidad de legalizar a millones de indocumentados, cuando el partido Demócrata controlaba el Congreso y la Casa Blanca. “(El presidente Barack Obama) dice que está de nuestro lado pero nos ha ignorado tres años.” Demián es, también, un inmigrante. Llegó a Nueva York a los 22 años a estudiar actuación pero, sin dinero, terminó limpiando mesas y trabajando en un restaurante mexicano. “Me convertí en el rey del guacamole”, me dijo sonriendo. Sin embargo, lo suyo era el arte. Se fue a Los Angeles –un lugar que, comparado con la ciudad de México donde nació y creció, ha descrito como “Coca Light”, y no ha parado de trabajar.

Su biografía oficial en IMDb.com marca 62 películas, incluyendo Che (2008, en que interpreta a Fidel Castro) y Sexo, Pudor y Lágrimas (1999, donde quedó marcado como uno de los mejores actores de su generación). En un país con 50 mil muertos en la lucha contra el narcotráfico y más de 52 millones de pobres, hay que destacar y celebrar que México está haciendo algo bien -¡muy bien!- en el cine. Hay actores, guionistas, productores, fotógrafos y técnicos mexicanos trabajando en proyectos con los mejores del mundo. Eso no es casualidad.

Con su nominación al óscar, Demián se ha convertido en la punta de lanza y orgullo de un nuevo grupo de mexicanos triunfadores. Sabe, también, que esa visibilidad multiplica su voz en otros temas que le duelen. Y México le duele.
“Me parece fantástico que haya una mujer contendiendo por la presidencia”, me dijo, refiriéndose a la candidata del PAN a la presidencia de México, Josefina Vázquez Mota. “Pero no creo que el género, el sexo, determine el talento de la gente”. Sobre el presidente Felipe Calderón tampoco se calla. “Es evidente que la estrategia (contra los narcos) falló y los números son muy crudos.” ¿Y cómo explica que el candidato priísta, Enrique Peña Nieto, vaya adelante en las encuestas a pesar de todos sus errores y debilidades? “Somos un pueblo muy apático. Hemos tenido momentos en que nos han puesto la bota encima cuando hemos querido gritar.”

Claro que quiere ganar el óscar y está convencido que puede lograrlo. Pero quienes lo conocen saben que, con óscar o sin óscar, Demián no va a cambiar. Disfruta, como un niño, con lo mínimo. Seguirá siendo un aguerrido fanático del equipo de fútbol de las Chivas del Guadalajara, un gran amigo de sus amigos y un agradecido por poder dedicarse a lo que más le apasiona en la vida: actuar.

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